La sensación que menos me gusta es sentirme tonto, sentirme superado por una situación que tal vez en algún momento estuvo bajo control, sentirme incapaz...
Camine casi por tres horas, sin ninguna sustancia en el cuerpo pero mas adormecido que en la noche anterior en la cual la droga fue mi escudo. Intente no hacerlo pero cuando me di cuenta ya estaba oscuro y el ruido de la ciudad fue testigo de mi enorme angustia, es un tanto patético... salir de algo tan profundo para caer nuevamente en el siguiente paso.
Trate de evitar el llanto, y lo logre... mi garganta apretada no dejo que cayera ni una sola lágrima, mientras pensaba sin control en el último abrazo.
Sordo, perdido en las luces de los autos y avanzando lentamente sin rumbo, sin compañía, sin mi esperanzado corazón. Trate de aguantar lo mas que pude, hasta que se me ocurrió sentarme... fue mi perdición, mi parada de congoja.
Pensé, pensé y pensé... solo podía sentir que era nueva e injustamente mi turno de sufrir.
Seguí mi camino, mientras la gente parecía no notarme y algunas personas me miraban de reojo, ya no me importaba nada, solo escuchar esa voz, solo llegar a mi casa y darme cuenta que es triste, es tonto estar sintiendo lo que sentía.
Pero más que nada, es tonto pensar que las cosas cambiaran porque cuando empecé a escribir pude asumir que esta, tampoco era mi oportunidad.
sábado, 8 de marzo de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario